LA CABALGATA SIN PIEDAD

     Yo me daba duro como si mi vida dependiera de ello. Mi miembro pedía piedad pues estaba a full para dejarse ir y vaciarse, pero no lo dejé, cuando estaba a punto de v3n1rme me detenía pues no quería ser un precoz que dejara insatisfecha a su pareja porque de tantas jaladas se haya hecho inservible como am4nt3. La tercera vez que me detuve y después que retomé un ritmo mas pausado y placentero, cerré mis ojos y mi cabeza en forma reflejo se fue hacia atrás, mi boca se abrió y escuche mis propios g3mid0s silenciosos, mi mano de arriba a abajo era la causante de ello. El cerrar los ojos me ayudo a imaginar a Paula, mi compañera de clases que era quien me traía loco, la veía mover sus caderas a propósito delante de mi y después me dejaba un gran dolor de huevos (literal) y yo tenía que salir corriendo al baño a jalármela de rápido para evitar que las bolas me dolieran de no hacerlo. Lo bueno es que todos somos dueños de nuestra imaginación, y la mía decidía que hacía a Paula mía, la veía abrir sus piernas lentamente e introducía sus dedos por debajo de su falda para hacerse a un lado su c4Izón. Yo trataba de meter mano con el pretexto de ayudarla, pero en realidad quería averiguar que tan mojada estaba. Ella en mis alucinaciones era aún más atrevida que en la realidad, porque iba al grano, tomaba mi extensión vir1l y la introducía con senda violencia, las mujeres en lo general eran delicadas y me metían en ellas con lentitud mientras jad3ab4n, pero ella era una vaquera indomable. ella quería cabalgar en mi y yo la dejaría. Lo prometido fue deuda y ella comenzó a bajar y a subir, normalmente somos los hombres los que f011am0s a las mujeres, pero en ese momento era ella la que me poseía, me hacía parecer novato en el amor pues sus caderas eran mi hogar y me invitaba a entrar y salir cada segundo. uh! ah! Coreábamos, era una fiesta de plac3r que nadie podría superar, de pronto mas salvaje de lo que pudiera ser posible me abrazó del cuello y tomando fuerza daba sentones como si su vida dependiera de ello, yo pedía más como un hambriento recibiendo alimento. Más nena, más. Me estaba destrozando el m1embr0, y este no lo sufría, lo agradecía, es más rogaba por que acabaran con el. mas mas mas mas mas mas dije en voz alta hasta que chorreé dentro de ella todo lo que tenía para darle, ella me besó y fue entonces cuando abrí los ojos y lo primero que tuve a la vista fue mi m1embro flácido, rojo de la fricción con mi mano y un charco acuoso en mi estómago de mi líquido amoroso que en lugar de mi estomago debía estar en el interior de Paula. Y lo fue, pero esa, es otra historia.



Comparte y da RT si te agradan mis relatos para seguir escribiéndolos.